El caso Sajen marcó un antes y un después en el abordaje de la violencia sexual

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Una de las escenas de La noche más larga muestra cómo Milena (nombre ficticio de una de las víctimas) hace la denuncia de su ataque sexual ante la Policía de Córdoba. En los diálogos del filme se puede entrever la narrativa que imperaba en la época cuando se trataba de abusos sexuales. Por aquel entonces, las preocupaciones de las instituciones y de sus agentes poco se acercaban al cuidado de la víctima, quien tenía que exponer con crudeza una situación traumática ante cualquier policía o médico varón.

Por empezar, las denuncias contra los delitos sexuales se tomaban en cualquier comisaría, que por aquellos años eran atendidas completamente por policías, una situación que ha cambiado por completo. Hoy las comisarías tienen sus unidades judiciales operadas por agentes civiles que responden al Poder Judicial y que deben acreditar conocimientos profesionales para acceder a ese puesto. Además, se creó una unidad específica que toma e investiga esas causas.

Laura Beltramino es psicóloga y fue una de las creadoras del equipo de trabajo para atender estos delitos; y como perita especializada, vio pasar unas 1.200 causas anuales. Beltramino hoy está jubilada, pero trabajó 20 años como perita del Poder Judicial; y cuando se le consulta por estos temas, no duda en darle entidad al caso del violador serial.

«Lo de Marcelo Sajen fue un punto de quiebre en la mirada hacia la víctima. El proceso de cambio en las instituciones no se inició en ese momento porque ya se venían ensayando modificaciones, pero este caso marcó un antes y un después. Y no fue sólo el caso, sino la valentía de una de las víctimas, que inició las manifestaciones y que se atrevió a visibilizar algo silenciado», dice.

Beltramino asegura que las movilizaciones fueron tan fuertes que fue una de las pocas veces en las que se celebró un convenio entre los tres poderes del Estado para abordar un tema: «En noviembre de 2004, el Ministerio Público de la Provincia y el Tribunal Superior de Justicia (Poder Judicial), el Ministerio de Seguridad y la Secretaría de Justicia (Poder Ejecutivo), y el Consejo Provincial de la Mujer (pertenece al Poder Legislativo) firmaron un convenio para colaborar y dar respuesta integral a las víctimas de delitos sexuales».

Eso luego fue acompañado por la puesta en funcionamiento la Unidad Judicial de la Mujer y el Niño, que luego se modificó para dar lugar a la Unidad judicial de Delitos contra la Integridad Sexual que funciona hoy.

Al poner a la víctima en el centro de la atención, el abordaje del Estado dio un giro en las formas en las que se receptaban y se investigaban las denuncias, muy distintas a lo que se ve en La noche más larga.

En el filme, una de las escenas muestra la crudeza del peritaje que se realizó sobre una de las víctimas y cómo el hecho de que fuera un médico varón cercenó los derechos de la denunciante. Sobre eso, Beltramino asegura que no hay impedimentos para que la atención y los abordajes no sean realizados por hombres, pero hoy la víctima sí puede manifestar su incomodidad y solicitar ser atendida por una mujer en caso de que así lo desee. La idea siempre es no revictimizar a quien manifiesta haber sufrido el trauma de un abuso.

Para pasar en limpio, la especialista asegura que son varios los cambios desde este caso resonante hasta hoy; y si bien quedan cosas por pulir, la sociedad debe felicitarse a sí misma por los avances. El hecho de que haya más denuncias también puede ser un signo de que las víctimas esperan encontrar justicia y una respuesta del Estado, además de que se animan a sacar a la luz algo difícil de procesar.

«Se ha trabajado mucho en multiplicar las bocas en las que se pueden realizar estas denuncias y en las modalidades en las que es posible denunciar. Eso genera poder pasar a las palabras algo tan traumático y que ya no sea invisible», dice la especialista. Y remata: «Lo más destacable es la valentía de una de las víctimas, que generó tanto movimiento y que logró que los tres poderes pararan la pelota y se pusieron a pensar qué hacer por las víctimas».

La marcha de los silbatos» (Archivo La Voz)