Parador El Cuadrado: un refugio gastronómico

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La onda que se respira en el Parador el Cuadrado es especial. Casi todo el servicio se realiza al aire libre o en espacios semicubiertos, rodeados de naturaleza, colores, pajaritos y adornos de casa de campo. Y algo no menos importante: solamente abre durante los fines de semana o feriados.

Toda esa energía juvenil y positiva se condensa y uno entra en una especie de transe que por ejemplo le permite tolerar ciertos desajustes que hay en el servicio. La comida es buena, el lugar es muy pintoresco y la gente lo sabe. Ya se corrió la bola (abrió hace seis años y se fue ampliando), así que un domingo al mediodía está lleno y el servicio se pone muy intenso.

Por más que la comida no tarde en salir, con unos pocos refuerzos en el personal, el Parador probablemente atendería mejor a las mesas antes y depsués de la llegada d elos platos. Y además, la experiencia del comensal sería totalmente reconfortante desde todo punto de vista. Se acabarían las corridas, las manos levantadas, la acumulación de platos en la mesa (antes de traer principales hay que retirar vajilla de la entrada, por ejemplo) y tal vez la lista de espera por una mesita en hora pico.

Horno de barro

Hay un horno de barro junto a la cocina y una pizarra en el ingreso empedrado. Allí se anuncia la sugerencia del día pero la carta se hace fuerte en otros platos como sándwiches fríos, tablas de quesos y fiambres, algunas pastas; hamburguesas, lomitos, ensaladas y pizzas. También postres, meriendas y menú infantil.

Nosotros vamos a probar la sandwichería (muy requerida por lo que se ve) y el plato del día. Pero primero vamos por una entrada que enamora. Entre gambas al ajillo, sopa de zapallo y jengibre o provoleta (tres buenas opciones), pedimos unas Bruschettas de jamón crudo ($ 235). Son dos tostadas enormes que tranquilamente podrían ser un brunch para dos personas.

Además de un buen jamón crudo (lo mejor de sus características son el color y la textura), se completa con un topping que convierte a este plato entrante es una foto espectacular: hojas de rúcula fresca y bien seleccionada, queso Tybo y tomate en rodajas, más mini brotes que impregnan suavemente su sabor vegetal. Muy bueno.

Principales

Antes de las bruschettas habíamos ordenado la bebida, una Jarra de limonada de menta y jengibre de un litro y medio ($ 235). Bien refrescante y sin toneladas de azúcar, una buena alternativa a las gaseosas industriales o para los que no beben alcohol.

De appetizer la casa envía una muestra de tres variedades de pan artesanal y un puré de berenjenas ahumado, elaborado con cáscara y todo. Bien intenso y aromático. Luego sí, ordenamos los platos principales.

Primero nos abocamos a la sandwichería ($ 290). En este caso de un pan casero de 30 centímetros, color anaranjado, con tope de semillas. Está partido al medio y relleno con: jamón cocido, queso, tomate y lechuga, todo en gran cantidad para que el equilibrio entre ingredientes se haga realidad. Se acompañan con papas fritas de copetín y sin dudas deja conforme a la platea. Pero lo mejor sin dudas llegaría con la sugerencia del día.

Paleta braseada

La materia prima principal era dos trozos de paleta, uno cubierto de grasa y otro no. Adivinen cuál resultó más untuoso, delicioso y conmovedor. Cualquier trozo de carne rodeado de grasa en cocción lenta va a terminar en un manjar. Es tan intenso y untuoso su sabor que la salsa criolla se hace fundamental para refrescar papilas.

Baño y postre

El baño estaba algo desarticulado por la cantidad de gente, pero sí estaba bien equipado con materiales descartables (toallas y jabón). De regreso pedimos uno de los pocos postres de la carta, Bombón escocés ($ 130). Lo bueno es que no fue un bombón escocés cualquiera.

Si bien el bombón no está hecho en casa, sí está intervenido como cualquier persona de bien intervendría un bombón escocés comprado en la heladería: completando los puntos débiles del producto: dulce de leche extra, salsa de chocolate y frutos secos.

Y así como resolvieron con ingenio la falta de un postre propio con un detalle de creatividad y sentido común, se podría resolver el tema del personal y el de las heladeras que están justo en el medio del paso hacia la cocina. Esa mínima espera de cada mozo que choca con su compañero que busca bebidas va restando tiempo y con el correr de los minutos, se transforman en múltiples demoras o falta de atención. Que el cliente deba armar (¡en su mesa!) las doggy bags con la cantidad exorbiante de comida que sobra, es una  importante falta de tacto.

Tampoco hay que fiarse de la tarjeta de crédito y débito, porque la señal en esa parte de la montaña no es muy buena. Seguramente son detalles que por el bien del cliente se solucionarán a tiempo. Córdoba va sumando espacios de calidad en su entorno serrano y estos detalles no deberían ser obstáculo hacía la calidad integral de las nuevas propuestas con sangre joven y buen instinto emprendedor.

 

Parador El Cuadrado

Calificación: muy bueno

Camino del Cuadrado (Ruta E-57), intersección con camino a Salsipuedes.

Teléfono (03543) 47-7249

Abierto viernes a la noche, sábado y domingos todo el día. Lunes ferias, todo el día.

Efectivo y tarjetas.

Bruschetta de jamón crudo.
Carne braseada con papas rotas y crema de hongos.
Bombón escocés con dulce de leche extra, salsa de chocolate y frutos secos.
Bruschetta de jamón crudo.
Carne braseada con papas rotas y crema de hongos.
Bombón escocés con dulce de leche extra, salsa de chocolate y frutos secos.